lunes, noviembre 27, 2006


















Toc Toc, alguien a la puerta llamó,
abro el cortinaje de par en par,
mil disfraces oculta en su interior,
le pregunto porqué la prisa,
porqué la manía,
en su interior sólo silencio.
La llamarada brota en un instante,
cojo su fulgor,
me impregno en él,
en su disfraz de noche,
arrebol en mis mejillas,
cansancio y sudor.
Mis oidos escuchan,
atentos,
jadeo y palpitación,
suavidad,
ráfaga de vibración cósmica instantanea.
Me asusto,
retrocedo,
salgo,
cierro la puerta.
Y mientras camino por los jardines,
la agonía de ese fulgor
me pide que vuelva.
No tengo miedo ahora,
giro la cerradura,
mi piel se impregna de su negrura,
pero ya no está disfrazado,
me muestra su piel tenue,
y su risa atenta,
le sonrío,
cierro los ojos,
me quedo en su umbral para siempre.